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Uno de cada cuatro embarazos termina en aborto espontáneo: el duelo que todavía cuesta nombrar

imagen de mujer embarazada en blanco y negro, tocándose la tripa con cara seria.

15 de octubre — Día Mundial de Concienciación sobre la Muerte Gestacional, Perinatal y Neonatal

Lo siento, pero hoy toca ponerse un poco serias. El tema lo merece.

La OMS estima que aproximadamente uno de cada cuatro embarazos termina en aborto espontáneo. En España, el Manual básico de Obstetricia y Ginecología de INGESA sitúa el aborto espontáneo clínico entre el 10 % y el 20 % de los embarazos confirmados.

En el imaginario popular tenemos la imagen de la mujer viviendo un embarazo estándar: desde la sorpresa e ilusión de su primera prueba de embarazo positiva, pasando por los momentos de nervios e ilusión con las ecografías y los cambios que van transformando su cuerpo, tal vez las típicas náuseas y el cansancio de esa etapa, hasta acabar en un parto natural o por cesárea —que eso nunca se sabe— y llegar a casa con el bebé, todos felices.

Una simplificación o idealización que no refleja la realidad. Porque aún se habla poco de infertilidad, abortos y pérdidas gestacionales, perinatales y neonatales, y porque muchas mujeres pasarán por uno (o varios) duelos por estos motivos.

Y resulta un tema tabú, como muchos temas puramente femeninos, porque no se estudia lo suficiente. Ni siquiera muchas mujeres conocemos todos los procesos que conlleva dar vida. Es algo que vas descubriendo y que te sorprende, que parece magia cuando es biología. Y también es fascinante que no nos demos cuenta de que un aborto espontáneo o una pérdida gestacional forman parte de una realidad relativamente frecuente en la experiencia reproductiva humana.

Pero, curiosamente, no se habla de ello. Seguramente porque hablar de una experiencia tan traumatizante no es algo que se saque así como así en la comida familiar de los domingos o en la clase de pilates. Porque es duro a tantos niveles: pierdes una ilusión, una parte de ti; es llorar y pasar un duelo por alguien a quien no hemos podido conocer. Además, supone un mazazo hormonal y psicológico difícil de gestionar.

Se dice que existe una palabra para definir cuando pierdes a un padre o a una pareja, pero no cuando pierdes a un hijo.

Así que, dentro de esas estadísticas y números, nos encontraremos con mujeres que sufrirán abortos espontáneos, que pueden producirse en distintas etapas del embarazo. Entre el 10 % y el 20 % de los embarazos clínicamente reconocidos terminan en aborto espontáneo, según el manual de INGESA. La mayoría se producen durante el primer trimestre. Quizá por eso existe la recomendación de no contar la buena nueva hasta superar ese punto de inflexión, una recomendación a veces marcada por supersticiones del tipo: «No lo cuentes, no vaya a ser que se gafe», sobre todo en el caso de personas que han sufrido abortos de repetición.

Las causas son variadas. Muchas pérdidas tempranas se relacionan con alteraciones cromosómicas del embrión. En otros casos, resulta difícil obtener un diagnóstico claro. Existen factores que todavía no se comprenden del todo, entre ellos algunos posibles problemas inmunitarios, y no siempre se consigue identificar la causa concreta de la pérdida.

Por otro lado, en España, la tasa de mortalidad perinatal fue de 4,03 defunciones por cada 1.000 nacimientos en 2024, según los datos citados del INE. Este indicador incluye las muertes fetales tardías y las defunciones durante los primeros días de vida.

El INE recoge, además, de forma diferenciada las muertes fetales tardías y las defunciones de menores de una semana, lo que permite analizar la magnitud de estas pérdidas y sus causas. Las estadísticas son necesarias para conocer la dimensión del problema. Pero detrás de cada registro hay una familia que tiene que afrontar una pérdida.

Dar cifras es algo frío, pero necesario. Cuando el número se traduce en casos reales, es cuando vemos lo traumático que puede ser pasar por estos duelos.

Porque, cuando no nos toca de cerca, no pensamos en que dentro de esa cifra está la madre que pierde a su bebé a las pocas semanas y que tiene que aguantar frases de «ánimo» como: «Pero al menos estabas de pocas semanas», como si de una partida de parchís se tratase, donde es mejor perder la ficha que acaba de salir de casa que la que está más avanzada.

Y qué decir de las mamás que gestan y llegan a sentir al bebé, las pataditas, el hipo, la ilusión de preparar su ropita… hasta que dejan de notar movimiento. Y el dolor no acaba ahí, porque entonces empieza el calvario de los procesos y protocolos que, en ocasiones, pueden resultar inhumanos: tener que parir a un bebé al que no podrán ver crecer, al que tendrán que despedir, cuando se supone que se le debería estar dando la bienvenida.

O las que lo pierden a los primeros días, cuando parecía que habían pasado lo más difícil, sin imaginar ese fatal desenlace.

Al final, frases como «no tiene latido» hacen que a esas mujeres se les detenga el tiempo y se les caiga el mundo encima.

Curiosamente, muchas mujeres descubren que no son las únicas que han pasado por pérdidas gestacionales, perinatales o neonatales cuando hablan con otras mujeres. Ahí sí parece que la estadística está en lo cierto. Demasiadas mujeres, tantas historias de dolor y de supervivencia. La sorpresa llega cuando te das cuenta de que le pasó a tu abuela, a la vecina del quinto, a la charcutera o a tu mejor amiga.

Una de las cosas más terroríficas de estas estadísticas, además del dolor, es el ostracismo al que a veces se ven sometidas las mujeres, en ocasiones por autoprotección. Al principio, es lógico: cada una necesita vivir su duelo a su manera y a su ritmo. Y quizás, por ese aislamiento, porque se quiere o se necesita vivir en la intimidad, muchas veces no se busca ayuda.

Por suerte, cada vez hay más grupos de apoyo, especialistas y psicólogas especializadas en este tipo de pérdidas, así como personas que ayudan alzando la voz con su testimonio en primera persona.

La literatura también refleja esta apertura, porque «de lo que no se habla parece que no existe». Cada vez más mujeres se animan a contar sus testimonios y así servir, no tanto de guía, pero sí de ejemplo de que se sobrevive.

El poemario Madres, no madres y madres en el limbo nació como terapia y se convirtió en algo más: en una forma de acompañamiento para otras mujeres y familias, y en una manera de contribuir a concienciar a la sociedad sobre el duelo gestacional.

Así que, en octubre, mes en el que se celebra la Hispanidad o Halloween, intentemos marcar otra fecha relevante en el calendario: el 15 de octubre, Día Mundial de Concienciación sobre la Muerte Gestacional, Perinatal y Neonatal.

Porque puede ser un tema incómodo, tabú, pero es necesario darlo a conocer y normalizarlo para hacer más llevadero el duelo a esas mujeres. Y también para que empecemos, como sociedad, a dejar de hacer ciertas preguntas incómodas del tipo «¿No os animáis a ser papás?» o «¿Para cuándo vendrá la parejita?». Que deberían desde ya desaparecer de nuestro repertorio.

Esperemos a que las madres y familias que han pasado por algo así compartan su experiencia con otras y otros si quieren hacerlo. Y, mientras tanto, simplemente acompañémoslas: escuchándolas, dándoles la mano o un abrazo. Sin palabras vacías o sin sentido.

A veces, simplemente, solo necesitamos ser escuchadas.


Si quieres saber más sobre mi experiencia relacionada con el tema puedes pinchar aquí



Fuentes

Organización Mundial de la Salud (OMS): pérdida gestacional y aborto espontáneo.
INGESA / Ministerio de Sanidad, Manual básico de Obstetricia y Ginecología.
Instituto Nacional de Estadística (INE): estadísticas de mortalidad perinatal.
Ministerio de Sanidad, Portal Estadístico del Sistema Nacional de Salud.

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