Nos enseñan desde bien pequeñas que las mujeres no somos nobles como los hombres, que somos envidiosas por naturaleza, que la amistad entre mujeres no es como la de los hombres, que hay rivalidad.
Y sí, a veces la hay, pero no creo que más que en el caso de los hombres. como se suele decir: tontos hay en todos lados.
Yo me llevo muy bien con los hombres, supongo que es por no tener filtros, pero no por esto he caído en la narrativa de “me llevo mejor con los hombres que con las mujeres”, porque no es así. Lo del apoyo y la amistad es más la forma de ser de la persona que el sexo, orientación sexual, raza o edad. Tengo amigos de 0 a 70 años y espero ampliar a formato juego (0-99 años).
Bromas aparte, eso del cliché de mujer envidiosa lo he sufrido en pocas ocasiones: alguna trepa laboral, una “coworker” que no sé si me odiaba o todo lo contrario pero me negaba el saludo… cosas así. Por lo general siempre que me conocen habrán podido pensar “qué tontuna es”, pero no creo que ninguna me haya visto como amenaza.
Porque la verdad es que siempre me he sentido muy arropada por mujeres y muy querida por mis amigas. Creo que siempre ha habido entendimiento, apoyo, sororidad. Me siento muy afortunada de tenerlas cerca a pesar de estar lejos. La mayoría son mujeres que sostienen el mundo, qué digo, lo portean. Por eso me da pena que haya calado y siga calando esa narrativa que obviamente distorsiona la realidad, la de las mujeres que no son nobles y que nos odiamos.
Y todo esto me ha surgido porque ayer me junté en un plató de televisión con dos personas maravillosas, a la que me une la donación de leche materna: Beatriz Flores, la presidenta de la Asociación Española de Bancos de Leche Materna a quien ya conocía de los eventos de donantes y Sofía Siveroni, mamá de una bebé receptora con una historia tremenda que le da para un libro o dos, seguro. El conocernos y casi de inmediato conectar entre nosotras (porque obviamente nuestras historias están entrelazadas por nuestros roles de neonatóloga-mamá de bebé receptora-donante) y también Jose, el marido de Sofía y con todo el equipo de la tarde de Christian Gálvez, hizo que fuera una experiencia mágica.

Entrar en plató dándonos la mano Sofía y yo sin casi conocernos, empezó como una idea medio en broma pero creo que era toda una declaración de intenciones: estamos en el mismo bando, somos personas que nos apoyamos, que las mujeres vamos de la mano, y nos cuidamos y nos queremos más de lo que nos hacen creer. A ver si las envidias las tienen otros.
Lo dicho, ayer fue una tarde mágica, emocionante y emotiva que refuerza mi idea de que colaborar es mejor que competir, que así llegamos todas y todos más lejos.
Otro día hablamos también de los hombres maravillosos, que nos cuidan, nos quieren, que sufren con nosotras y que tampoco creen eso de que las mujeres seamos competitivas entre nosotras y otras mentiras.




